¡Aúuuuu!




Lo cierto es que esta loba que llevo dentro

ha empezado a asomar la cabeza

y está preñada de Venus.


Veo en sus ojos el reflejo de una sensualidad

que se devora a sí misma

para alimentar a otros.


Bebo del agua que corre por sus caderas

y que me lleva directa a la boca del lobo.


El continuo movimiento,

el placer de erguirse en unos muslos de guerrera

que se estremecen del remoloneo propio.


Su belleza se me revela como un talismán oculto en gotas doradas.


Esta loba se está enamorando de la luz que la ve nacer,

de la ternura y sus universos,

de la caricia y la mordida.


Esta luna le aúlla a mi loba

celebrando un despertar erótico y femenino

que me llena de aceites el pecho,

un pecho que lleva siglos esperando este momento.


Algo se está moviendo entre mis piernas,

algo que nace y crece en el corazón,

algo que va a dejar atrás esta armadura fría por el fuego de las Diosas.


Algo salvaje y contenido

que me gira la mirada hacia la mujer que soy,

hacía lo que que tanto me pone de vosotras

y que tanto me he prohibido

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