Adiós. Las amo.


La vida no puede vivirse sin dejar que te atraviese.


Una no puede venir aquí a evitarla,

eso mata,

y una viene a vivir.


Una tiene que rendirse al camino que se le abre bajo los pies,

porque cada cosa que ocurre tiene mil puertas que te llevan donde tienes que estar.


En esta tristeza profunda que siento,

en esta despedida tan grande

veo la belleza de algo enorme que me lleva de la mano

y no sé a donde va...


...y no me importa

porque confio.


Este dolor inmenso de decir adiós a una de las cosas más bonitas de mi vida:

un hogar, una familia, mis amores...

está lleno de una aceptación profunda y nueva que me abre el pecho para que pase el aire, para poder seguir adelante con los ojos llenos de lágrimas y alegría.


Vivir fiel a mi compromiso conspiranóico,

ese de creer que cada cosa que ocurre conspira a mi favor.


No se puede sujetar con las manos un desgarro

porque te partiría en pedazos irreparables.


Una tiene que dejarse partir en la forma exacta en la que llega el golpe,

rendirse y llorar,

sentirse y llorar,

y no evitar nada de lo que esté pasando.


Una está aquí para algo,

y ese algo te lo inventas tú.


Nada ni nadie debería contarte un cuento común en nombre de la verdad

porque la verdad no es de este mundo,

porque la verdad somos tú y yo

y esta frase no le cabe en la cabeza a cualquiera.


No sé cómo expresar lo que siento,

todo este agradecimiento,

este último año aquí, con ustedes...

Vaya sueño... ¡Qué suerte joder!


Amores míos,

adiós...


Me las llevo a todas dentro

y eso sí que no cambiará nunca.


Las amo

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