En mi casa, llena de ausencia, se rieron siempre de lo femenino


En mi casa,

llena de ausencia,

se rieron siempre de lo femenino.


Hombres y mujeres masculinizadas,

femeninos despreciados u ocultos,

rechazo, miedo o recuerdo de un linaje patriarcal dominado por mujeres en la sombra.


Recuerdo sentir que ser mujer y expresarlo de alguna forma

era objeto de broma, burla e incluso de desvalorización

porque siempre estuvo asociado a la debilidad, a lo cursi, a lo ridículo.


Recuerdo alusiones divertidas sin maldad sobre mi regla,

comentarios ingeniosos sobre la faena de haber nacido mujer.


Por supuesto todo esto era de una forma muy sutil,

con una sonrisa llena de ternura y sin intención consciente de hacer daño;

lo que hacía que la ambigüedad se convirtiera poco a poco en mi 'fucking' modelo de vida.


En mi casa la forma de acercamiento de lo masculino era a través de una broma,

una broma torpe o una nalgadita,

como símbolo de afecto y superioridad.


Ahora me doy cuenta de que los escasos hombres de mi casa

no tenían pelotas para sostener a una mujer,

necesitaban que se masculinizaran para no sentir la propia vulnerabilidad, la herida.


Hoy yo encarno esta 'ropa vieja' emocional,

este circo de energías.


Hoy soy yo quien ha de reconciliarlas y equilibrarlas,

básicamente porque nací con los ojos abiertos

y no puedo seguir mirando pa' otro lado.


En mi casa lo femenino fue castigado en secreto desde mucho antes que yo naciera,

por eso yo hoy ofrezco mis labios rojos para hacerle el boca a boca a la belleza de la vulnerabilidad, lo sensible y la salvaje fuerza del temperamento.

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