La droga más dura: hacer por hacer.

Actualizado: 16 de sep de 2019



Me resulta inevitable no caer

(a veces) en la inercia del hacer.


Hacer por hacer.

Dejar hecho por adelantar.

Como si mi misión aquí fuese esa. Como si el asunto de la plenitud del ahora

quedara postergado para el final de los quehaceres,

que por supuesto nunca llega,

ni llegará.

Inevitable a veces vivir cerrada,

constreñida en pensamientos.

Como si una fuese un tronco hermético

contagiada de energía mental.

¡La inercia de esta realidad colectiva puede ser demoledora!


El trabajo (concepto futuro) no será trabajo, será aminorar la marcha,

parar la inercia. No hacer.

Y permitir así que sea hecho lo que haya de (a)ser-se.

Algo así como reiniciar el sistema operativo

y encenderse desde otra plataforma,

actualizada y sincronizada

con leyes que atiendan a nuevos parámetros.

Si la intención de tu sueño profundo no está alineada

con la energía que utilizas en la acción

la ola del mundo contemporáneo seguirá siendo el shock

que nos haga elegir entre la vida o la muerte (cada día);

eligiendo muerte a cambio de más tiempo

(para hacer)

A veces solo queda rezar (orar), silenciarse;

y dejar que algo más enorme haga por mí

lo que yo no hago.

"Guíame" -le digo- "porque yo no tengo ni puta idea"

A veces rendirse

es la opción más productiva de todas.

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