Jugar con el diablo




Todos estamos en la cola del diablo

dispuestos, si hace falta,

a pasarle por los huevos;

quizás así nos deje preñados de un falso éxito.


Es jodido creer que no somos quién somos si ahí fuera no te lo dicen.


No es ceguera la sintomatología,

es pánico a la luz.


Sigo queriendo pertenecer al programa porque es lo único que conozco.


Quiero venderle mi alma al diablo porque es el que más rápido paga.


Quiero hacerme la loca hasta que Dios me detenga de un golpe.


Pues jodámonos

y asumamos la ostia có(s)mica que se avecina