La elegante hija de puta.


Siempre he pensado que soy mucho mejor atacando al otro que amándolo,

signifique eso lo que coño signifique.


La verdad es que no quiero dejar de usar mi sarcasmo,

mi sentido del humor para herir y destruir

con esa sutileza tan exquisita que poseo.


Los que me conocen lo saben,

soy muy buena,

una hija de puta elegante.


De hecho tengo claro que yo 'amar' no sé.


Y vale que estos últimos años de mi vida me ha llamado mucho la atención descubrirlo,

pero hay que reconocer que el amor

no es algo que haya estado nunca de moda.


Siempre fue de flojos, de aburridos,

incluso me atrevería a decir 'de cobardes',

porque de alguna forma se relacionó con algo parecido

a no tener cojones para el conflicto

o algo así.


Antes la palabra AMOR sólo la usaban los evangelistas y los hippies yoguis,

más o menos como ahora

pero con el rollito de la 'New Age'

la cosa se ha vuelto más soportable.


Mi sistema de pensamiento está basado en defenderme y juzgar,

de hecho como yo llegara a mi casa después de una pelea

y el otro no hubiera recibido alguna hostia mía

me amenazaban con darme otra en casa por idiota.


AMAR no nunca fue una opción,

a menos que te echaran la bronca o hubiera gente delante

y fueras susceptible a sentirte culpable.


El mundo en el que creemos vivir está fuera de sus parámetros,

en la exclusión absoluta de su experiencia,

por eso nos cuesta tanto renunciar al ataque de cualquier come pingas,

porque no creemos que esa opción sea saludable,

porque hemos creído que debemos defendernos por nuestro bien.


Ahora lo veo,

amar requiere de un coraje tan grande y tan inmenso

que hay que tener unas pelotas enormes

para dejarse arrasar por la mentira del peligro.


Porque una parte de nosotros sabe

que si elegimos el AMOR,

su fuerza nos arrancaría de cuajo de este mundo,

y nos haría desaparecer para siempre.


...y qué curioso pensar

que aunque nadie ame,

nadie desea ninguna otra cosa.

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