La madrugada tiene esa cosa como de 'mal'


La madrugada tiene esa cosa como de 'mal',

como de 'deberías estar durmiendo'.


Pero aquí una puede apartarse la piel

y lamerse la herida.


Tus palabras llegan a mí como fantasmas burlones

que tientan los colmillos de mis antepasados.


No reaccionar me está implosionando.


Destruir en un segundo lo creado.

Por puro instinto.


Darme el espacio donde no hay voces ni reclamos ajenos.

Una tregua.

Respirar la oscuridad,

presenciando el desfile de sombras.

Un silencio de lo más ruidoso.


Me da igual no dormir si reestructuro este sueño.


La mayoría de los seres humanos están viajando por otras dimensiones.

Sus asquerosas personalidades descansan en los cuerpos sudorosos de la noche.

La mía sin embargo está presente,

dando por culo;

qué generosa.


La pegajosa herencia no me deja abrir los ojos.


Ya no podía seguir durmiendo,

demasiada manta en tu lado.


Los ojos de las fieras me acechan tras la ventana,

no hay nada que temer -me dicen.

No sé yo.


Almas que susurran posibilidades y

que no escucho por miedo a salir heridas.


Mi soledad es el tesoro de los mayas.


Debería devorarte,

pero no creo que pueda hacerlo sin romperme la mandíbula.

Esa es la movida.


Atrapada por mi propio aliento.


Discúlpenme,

pero a mí no me ha quedado claro todavía

qué coño hay que hacer.


Tu compañía no puede convertirse en un campo de minas.

En una guerra silenciosa por no saber qué hacer con las pesadillas.

No quiero.


Yo tampoco sé como hacerme cargo de toda esta mierda,

nunca supe de agricultura.



Y ahora es cuando se supone que aparece la puta paloma

y me deja preñada

de alguna idea útil.


Pero no.

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