La movida


La movida viene cuando te has acostumbrado a ceder tu sitio a cambio del encuentro,

a cambio de sentirte unida al otro.


La movida llega cuando descubres la cantidad de veces que pones el culo para evitar un conflicto,

un dolor ajeno,

un desencuentro.


Y te das cuenta que eso que has intentado evitar inconscientemente desde que eras una niña,

porque necesitabas el amor de tus padres,

es el primer paso que tienes que dar para volver a ti:


La dolorosa sensación de separación.


Porque de pronto todo se despega para volver a su sitio

y las agujas del reloj necesitan cambiar de sentido

y los cuerpos se resisten

y los vínculos se rompen

y el movimiento se desata.


Ahí empieza la movida,

el camino de vuelta a casa,

la tormenta perfecta que te llevará

hasta el lugar del que viniste,

no sin antes naufragar en las dudas de tu propio dolor.


Porque no se puede llegar al orilla que te vio nacer

sin desprenderte de todo aquello que no te pertenece,

sin despedirte de lo amado,

sin sangrar o hacer sangrar.


Porque lo único que nos pertenece es lo que realmente somos,

y lo que somos no puede ser vendido por un falso amor.

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