Me escucho en tu voz


Tengo a mi lado la voz que menosprecia mi forma.

El eco de una infancia.

El amor conflictuado por la crítica y la exigencia.


Es tan doloroso escucharte decir eso que pienso y no me permito sentir.


Esa voz viene a recordarme el patrón heredado de una realidad asfixiante donde mi manera de expresarme es incómoda para los demás, molesta, excesiva.


Cuando una escucha ese dolor soterrado casi nunca entra a pensar en la falta de fortaleza del otro al no saber sostener una realidad como la que le presentas, no entras a comprender su debilidad, su escasez, su impertinencia y desconfianza hacia la vida.


No, una entra al trapo a creerse esas palabras que le confirman una realidad oculta que no quiere enfrentar.


Y por eso odiamos, por eso atacamos, por eso rechazamos,

para no sentir lo que sentimos cuando nos comemos toda esa mierda del otro.


No hay nada de malo en mí.

No hay nada de malo en ti.


Es la visión que escogemos en la vida la que hace de este mundo y de los otros algo oscuro o luminoso.

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